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LA VENIDA DEL ESPIRITU SANTO SOBRE LOS APÓSTOLES
El comienzo de la Iglesia Cristina se debe a la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles. Nuestro Señor Jesucristo, antes de ascender a los cielos, mandó a sus Apóstoles que no se apartaran de Jerusalén hasta que no fueran revestidos de los alto. Esperando que se cumpliera esta promesa del Señor, después de hacer oración eligieron a Matías para que ocupara el lugar de Judas Iscariote el que traicionó a Jesús; los apóstoles condicionaron que el mismo debía ser Testigo de la Resurrección de Cristo, el Señor.
El día de la fiesta judía de Pentecostés, el último día de la Cincuentena Pascual -coincidió con un día Domingo- los apóstoles se reunieron para orar. La Madre de Dios y otros cristianos estaban con ellos; en total estaban reunidos 120 personas.
Un ruido parecido al de un viento fuerte se sintió en aquella mañana como a eso de las nueve de la mañana, en la casa del monte Sión en donde se encontraban los Apóstoles (o sea el lugar del Cenáculo) y sobre cada uno de ellos descendió el Espíritu Santo en forma lengua dividida de fuego. Sin duda alguna que los signos externos eran necesarios para los hombre de aquel tiempo, con vacíos espirituales, para ser conducidos a la fe.
Los Apóstoles sintieron una gran fuerza y sed de predicación de La Palabra de Dios, o sea, La Doctrina del Señor. Los apóstoles recibieron el carisma de hablar en varias lenguas o idiomas.
LA FE CRISTIANA PROCLAMADA
Los Hebreos procedentes de diversos países tenían por costumbre reunirse en Jerusalén para las fiestas de Pascua y Pentecostés. Como vivían fuera de Palestina olvidaron la lengua hebrea y solo hablaban los idiomas de los países donde moraban de manera permanente. Por tanto, fueron llamados "helenistas";, mientras que los gentiles que fueron convertidos a la fe judía se les denominaban "prosélitos". Para la fiesta de Pascua se juntaron entre uno y dos millones de ellos. Muchos de ellos sintieron el ruido y se reunieron alrededor de la casa en donde se encontraban los Apóstoles; éstos salieron y comenzaron su predicación dirigiéndose a cada uno de ellos en el idioma de su país. Quedaron algunos asombrados, mientras que otros se burlaban y decían: "...están embriagados de vino dulce".
El Apóstol Pedro, a quien acompañaban los otros once apóstoles, pronunció palabras con voz estentórea, aseverando que no estaban embriagados ya que no era mas que las horas de la mañana, sino que Dios hizo cumplir la profecía del Profeta Joel en lo referente a la venida del Espíritu Santo. De igual modo, Pedro dijo acerca del Salvador: "... a quien ustedes mataron, pero Dios lo ha resucitado, y él, después de su Gloriosa Ascensión ha enviado al Espíritu Santo".
Las Palabras del Apóstol Pedro estuvieron impregnadas con la fuerza del Espíritu Santo, pero fueron amorosas al ser dirigidas a los extraviados judíos. Los judíos interpelados preguntaban: "¿Qué tenemos que hacer?"; Pedro les dijo: ";Arrepiéntanse y reciban en bautismo para la remisión de los pecados, luego recibirán el Don del Espíritu Santo". Tres mil hombres fueron bautizados en aquel día.
Después de Pentecostés los Apóstoles Pedro y Juan iban de camino al templo para orar. En la entrada del templo se encontraba sentado un mendigo, quien era cojo de nacimiento, que no podía caminar y pedía limosna. El Apóstol Pedro le dijo: "Oro ni plata tengo, pero te doy lo que tengo: En nombre de Jesucristo Nazareno, levántate y anda". Este paralítico saltaba de alegría y alababa a Dios.
Este signo de salvación impresionó al Pueblo. Después de las palabras pronunciadas por el Apóstol Pedro fueron bautizados dos mil hombres, de forma, que el número de los cristianos ascendió a cinco mil personas en un tiempo corto.
VIDA DE LOS PRIMEROS CRISTIANOS
Los Cristianos Primitivos se reunían cotidianamente en el Templo y escuchaban las enseñanzas de los Apóstoles y en el Primer Día de la semana (Díes Dominica o Domingo) se reunían en las casas y estas recibían el nombre de (Oikíates eclesías = La casa de la Reunión) y allí celebraban la Sagrada Eucaristía con el propósito de comulgar con el Sacramento del Cuerpo y la Sangre del Señor.
Se tenían una Caridad recíproca de tal manera que parecía que tenían una sola alma y un solo corazón. Muchos vendían sus pertenencias material y entregaban el dinero a los Apóstoles y a los pobres.
Está la historia de Ananás y su mujer Zafira que vendieron un terreno y trajeron a los Apóstoles el dinero percibido por la venta, no obstante habían guardado para si una parte de aquel. Dos razones tuvieron: Primero, querían glorificarse a si mismos y como segunda medida, deseaban vivir para su propio deleite teniendo dinero personal. El Apóstol Pedro aseveró que la propiedad era de Ananás y de Zafira, pero la praxis de ellos se constituyó en una gran pecado. Recordemos que Pedro le dijo: "Ananás, ¿por qué le permitiste a Satanás introducir en tu corazón el pensamiento de mentir al Espíritu Santo? No mentiste a los hombres, sino a Dios". Terminado este interrogatorio, Ananás y Zafira cayeron muertos. Los Apóstoles lograban muchos milagros y a la sombra de Pedro sanaba a los enfermos. La abundancia de los Dones del Espíritu Santo regocijaba a los creyentes y convertía al cristianismo a numerosos incrédulos; por ello, nunca faltó la envidia de los judíos hacia los Apóstoles.
LA ELECCIÓN DE LOS SIETE DIÁCONOS
En medios de los cristianos se encontraban los judíos de Palestina y los que venían de otros países se les llamaba "helenistas"; éstos últimos murmuraban quejándose que sus viudas recibían menos ayuda durante las distribuciones. Por supuesto, los Apóstoles dijeron a los creyentes eligieran a Siete VARONES piadosos a quienes los Apóstoles Impusieron las manos en oración para que viniera sobre ellos el Espíritu Santo, así de esta forma apareció en el Orden Sacerdotal el Ministerio del Diácono (Diácono = servidor) cuya función sería no solamente distribuir el subsidio, sino ser una ayuda idónea para los Apóstoles en lo relativo a la Enseñanza o Instrucción y en la Administración de los Sacramentos.
FELIPE, EL DIÁCONO PREDICADOR
El Apóstol San Felipe predicaba en una ocasión en Samaria y muchos samaritanos creyeron en el Señor y se bautizaron movidos por los milagros y por la predicación del Apóstol Felipe. Fueron enviados a Samaria los Apóstoles Pedro y Juan para que impusieran las manos sobre los bautizados y les conferían los Dones del Espíritu Santo (Sacramento de la Confirmación), pues Felipe por ser diácono no estaba en condiciones de suscitar la venida del Espíritu Santo.
Uno de los neófitos, Simón, trajo dinero a los Apóstoles y les dijo que le vendieran el poder del Espíritu Santo, entonces los Apóstoles indignados con esta petición de Simón le negaron esta solicitud. De aquí nació el pecado grave de SIMONÍA (administrar los Sacramentos por dinero o vender los sacramentos) el cual es castigado por la Iglesia.
Predicando en Palestina El Diácono Felipe un día recorría un camino en el que se topó con un Dignatario de Etiopía que viajaba en una carroza y que leía al profeta Isaías y por inspiración del Ángel Felipe se acercó a aquel dignatario logrando su conversión.
EL LLAMADO A LOS GENTILES
Una vez el Apóstol Pedro se encontraba en Joppe en casa de Simón el curtidor. Cuando estaba sobre el techo rezando, tuvo una visión. Desde el cielo bajó un mantel lleno de animales impuros y una voz le decía: "Pedro, levántate y come". Pedro contestó: No, Señor, jamás ha entrado en mi boca una cosa impura o manchada". La voz insistió: "No llames impuro a lo que Dios ha purificado". Esto sucedió en tres ocasiones. Después se presentaron unos hombres mandados por Cornelio de Cesarea, centurión romano (comandaba a su cargo cien soldados), buscando a Pedro. El centurión Cornelio era piadoso, daba limosna y oraba, de suerte que, a este Centurión se le apareció el Ángel diciéndole: "Cornelio, Dios se acuerda de tus oraciones y Limosnas". Envía, pues unos hombres a Joppe y haz que venga un cierto Simón, llamado Pedro; él te dirá las palabras con las cuales te salvaras con toda tu casa". Por esto fue que Pedro comprendió que el Señor ordena no despreciar a los gentiles. Después se dirigió a Cesarea y allí se reunió con la familia, allegados y amigos de Cornelio. Mientras el Apóstol les predicaba, el Espíritu Santo descendió sobre todos y comenzaron a hablar en varios idiomas y Pedro los bautizó a cada uno. En medio de los Neófitos (recién bautizados) se encontraban pequeñas criaturitas, lo que se desprende sin lugar a dudas del Libro de Los Hechos de los Apóstoles, donde encontramos la expresión "fue bautizada toda la casa" de Cornelio, vale lo mismo decir, "toda" su familia.
POR PRIMERA VEZ LES LLAMARON CRISTIANOS
En Antioquía aparecieron muchos cristianos. Los Apóstoles fundaron ahí la Iglesia en la que brilló la Gracia de Dios. Por primera vez en Antioquía los Discípulos de los Apóstoles recibieron el nombre de "Cristianos".
LA CONVERSIÓN DE SAULO
Predicación para judíos y gentiles. Los Apóstoles predicaban el cristianismo particularmente a los judíos en Palestina. El Señor Jesucristo eligió y predestinó al Apóstol Saulo, cuyo nombre fue cambiado por Pablo.
Odiaba a los cristianos: Fue educado en su ciudad natal de Tarsis (en el Asia Menor) y luego en Jerusalén en la escuela de Gamaliel, famoso y miembro piadoso del Sanedrín; Gamaliel era fariseo. Saulo fue un adversario convencido de los cristianos porque creía que ellos pisoteaban las tradiciones antiguas patriarcales. Tomó parte en el asesinato del Santo proto-mártir (Archidiácono) San Estéban y aún después de matarlo no cesó en su persecución contra los cristianos en Jerusalén.
Llamado en el camino de Damasco: Cuando se enteró de que había cristianos en Damasco se dirigió hacia allá, pero en el camino una luz lo encegueció y escuchó una misteriosa voz que le decía: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Y Saulo preguntó: ¿Quién eres tu, Señor?" La voz le dijo: Soy Jesús, a quien tu persigues. Será difícil para ti ir contra el aguijón". Después Saulo dijo: "¿Qué quieres que haga, Señor?" Y desde aquel momento recibió instrucción para que fuera a Damasco. En Damasco, por orden de Dios, el Apóstol Ananás bautizó a Saulo al tiempo que recobró la vista y empezó a predicar a Cristo.
Escape de Damasco, aparición del Señor: luego los judíos decidieron dar muerte a Pablo y lo acechaban cerca de la puerta de la ciudad. Pero los cristianos lo bajaron desde una ventana de la muralla, de noche en una espuerta. De ahí Pablo se dirigió a Arabia donde permaneció por el tiempo de tres años. De acuerdo con su propio testimonio se le apareció el Señor Jesús quien le instruía en la doctrina cristiana y luego le envió para predicar a los gentiles ya que había recibido una revelación con antelación de no despreciarles.
Sus viajes de predicación: Llevó a cabo tres grandes viajes de evangelización por los países de los gentiles de Asia Menor y los Balcanes. Visitó la actual Grecia y Bulgaria (Filipos = nombre antiguo de la actual Sofía) y posteriormente conoció a Roma donde predicara con éxito. Antes de partir a su viaje los Apóstoles, por orden del Espíritu Santo, le Impusieron las manos (quirotonía) al elegirlo como Obispo (Hechos 13). En trascurso de sus viajes, el Apóstol Pablo tomó consigo a Bernabé y a Silas (de los 70) para que le ayudaran y su predicación tuvo mucho éxito, ya que fundaron muchas Iglesias en diversas localidades, a las cuales les escribía sus Epístolas o Cartas (dirigidas a los: Romanos, Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Tesalonicenses y diversas personas particulares), que hoy leemos en la Iglesia, pues tienen suma importancia dogmática y moral.
Persecuciones y Sufrimientos: En el trascurso de sus tres viajes y la subsiguiente misión de Evangelización el Apóstol Pablo sufrió persecuciones y pruebas por amor a Jesús. "Tuve mas trabajos, muchas presiones, azotes, peligros frecuentes de muerte, cinco veces recibí de los judíos cuarenta azotes menos uno, ya que a los esclavos se les azotaba 40 veces-. Tres veces fui azotado con varas, una vez apedreado, tres veces naufragué, un día y una noche pasé por abismos del mar; muchas veces en viaje me vi en peligro de ríos, peligros de ladrones, peligro de los de mi linaje, peligro de los gentiles, peligros de ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligro de los falsos hermanos, peligros y miserias, en prolongadas vigilias en hambre y sed, en ayunos frecuentes, en frío y en desnudez; esto sin hablar de otras cosas, de mis cuidados cada día, de la preocupación por todas las iglesias. ¿Quién desfallece que no desfallezca yo? ¿Quién se escandaliza que yo no me abrase? Si es menester gloriarse, me gloriaré en lo que es mi flaqueza: Dios y Padre del Señor Jesucristo, el Bendito por los siglos sabe que no miento. En Damasco el etnarca del rey Aretas puso guardia en toda la ciudad para aprenderme, y por la ventana, en una espuerta, fui descolgado por el muro y escapé de sus manos"(2Cor 11,23..). En 2 Corintios 1, 8-11: "Hermanos, no queremos que ignoren la tribulación que nos sobrevino en Asia, pues superó nuestras fuerzas, tanto que desesperábamos ya de salir con vida. Aún más, temimos como cierta la sentencia de muerte, para que no confiáramos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos, quien nos sacó del peligro mortal y nos socorrió. En Él tenemos puesta la esperanza de que seguirá socorriéndonos, cooperando vosotros con la oración a favor nuestro, a fin de que la gracia por las plegarias de muchos que se nos concedió sea de muchos agradecida por nosotros".
Arrebatado al Paraíso: El Señor realizaba grandes signos de salvación por las oraciones del Apóstol San Pablo, y también sobre él, protegiéndolo. En cierta ocasión el Apóstol fue arrebatado milagrosamente al Cielo en el paraíso y, al volver, le contó a su discípulo, Dionisio el Areopagita (miembro del areópago de Atenas) quien posteriormente fue obispo. San Dionisio, basándose en las palabras del Apóstol San Pablo, escribió el libro "Acerca de la jerarquía celestial", en el cual describe nueve coros angélicos del cielo y su servicio. En los nuevos templos cristianos el Apóstol San Pablo ordenaba a los Presbíteros.
Juicio del Apóstol San Pablo: Por intrigas de los judíos, que lo odiaban, éste fue detenido en Jerusalén y enviado a Roma -la ciudad eterna- para el juicio del emperador, como ciudadano romano por su nacimiento. Después de pasar recluido cuatro años en la cárcel, finalmente el Apóstol fue puesto en libertad. En el ocaso de su vida Confirió la Consagración Episcopal a su discípulo Tito durante la persecución de Nerón emperador del imperio. Así, siendo súbdito romano recibió la ejecución -reservada solo para los nobles-: Fue decapitado el día 29 de Junio del año 67 de Nuestro Señor.
CONCILIO APOSTÓLICO DE JERUSALÉN
Tuvo Lugar en el año 51.
En medio de los cristianos de Antioquía surgió la cuestión si era necesario para los cristianos cumplir la ley ritual mosaica. Los cristianos antioquenos se dirigieron a los Apóstoles y Presbíteros de Jerusalén quienes conforme a lo ordenado por el Señor (Mateo 18, 17 y Juan 14,26) se reunieron para solucionar este problema. En este Concilio también tomó parte el Apóstol San Pablo, aunque el concilio fue presidido por el Apóstol Santiago como Pastor de la Iglesia de Jerusalén y venerado de manera peculiar por su estilo de vida tan piadosa. Todo ello fue estudiado en detalle. Los Apóstoles Pedro, Bernabé y Pablo relataron acerca de los milagros que hizo Dios por medio de ellos entre los gentiles y cómo Dios les dio los dones del Espíritu Santo.
Los Apóstoles libraron a los cristianos del cumplimiento de la ley ritual de Moisés y dieron importancia a la ley moral concatenada al concepto de no hacer nada a otros como no nos gustaría que nos lo hicieran a nosotros. La sanción del Concilio está en el texto neo-testamentario del libro Hechos 15, 28-29: "Ha parecido al Espíritu Santo y a nosotros no imponerles ninguna otra carga más que estas que son necesarias: que se abstengan de las carnes inmoladas a los ídolos, de sangre y desgarro, y de la fornicación, de la cual harán bien en guardarse".
En este Concilio se encontraba presente el acompañante del Apóstol Pablo, el Apóstol Bernabé y otros pertenecientes al grupo de los Setenta (70) Apóstoles. El Concilio formuló pautas para los siguientes concilios.
Para que el Espíritu Santo esté en un Concilio y hable por medio de los obispos que participen en el mismo es necesario que ellos tengan Sucesión Apostólica y cumplan de los mandamientos de Cristo, por cuanto que el Señor Jesús prometió enviar al Espíritu Paráclito en el caso del cumplimiento taxativo de sus mandamientos "Si ustedes me aman, guardarán mis mandamientos, y yo rogaré al Padre y les dará otro Protector que permanecerá siempre con ustedes,..." (Evangelio de San Juan 14,15-16).
EVANGELIZACION DEL APÓSTOL PEDRO
Pablo, el Apóstol, en su Carta a los Gálatas 2, 7-10 dice que a El le fue confiada la predicación del Evangelio a los gentiles y a Pedro la predicación entre los judíos. Debido a esta primacía de la evangelización y la presencia, ellos fueron llamados por la Iglesia Primitiva Príncipes de los Apóstoles.
Encarcelamiento: Pedro, fue el fundador de la Iglesia entre los judíos y gentiles tuvo que soportar la persecución del Rey Herodes Agripa (sobrino de Herodes el Grande) que lo encarceló y tenía intenciones de matarlo después de la fiesta de Pascua para complacer a los judíos. Fue encerrado en la celda más reforzada de la prisión interna, donde dieciséis guerreros lo estaban custodiando (dos de estos guerreros fueron encadenados al Apóstol, mientras que otros custodiaban un portón triple. La Iglesia en aquel momento rezaba diligentemente por él, eligiendo la oración ante otros medios; por esto el Señor protegió a su Apóstol.
Aparece un Ángel. En la víspera de la ejecución, después de la Pascua, los cristianos se reunieron por la noche en ferviente oración por Pedro en la casa de la madre del Apóstol y Evangelista San Marcos. De pronto apareció el ángel del Señor y una luz sobrenatural iluminó la cárcel, mientras que Pedro, después de encomendarse a Dios, dormía. El ángel, tocando a Pedro en el costado, le despertó diciéndole: "¡Levántate pronto!". En momento quedaron libre sus manos de las cadenas; el ángel le dijo: "Envuélvete en tu manto y sígueme". Pedro salió detrás de él, pero no sabía si era un sueño o realidad lo que el ángel hacía por él, más bien pensaba que era una visión. Atravesaron por la primera y segunda guardia y al llegar a la puerta de hierro ésta se abrió por si sola y salieron a una calle y allí desapareció luego el ángel. Pedro dijo: "Ahora me doy cuenta de que realmente el Señor ha enviado a su Ángel y me ha arrancado de las manos de Herodes y de toda la expectación del pueblo judío". Luego se fue a casa de María, la madre de Juan -apodado Marcos- donde estaban muchos reunidos en oración. Golpeó la puerta salió Rode, una sirvienta, que al momento en que reconoció la voz de Pedro, se puso contenta, y sin abrir la puerta, corrió a anunciar que Pedro estaba a la puerta. Sabiendo ellos que la prisión estaba fuertemente custodiada no le creían y decían: "Estás loca". Pero ella insistía. Pedro siguió tocando la puerta y cuando le abrieron y le reconocieron quedaron estupefactos. Haciéndoles señal con la mano de que se callaran les contó cómo el Señor lo había sacado de la Cárcel por mano de su ángel.
Este acontecimiento tuvo lugar en el año 44 y por la narración tan viva del relato demuestra que Lucas, el Evangelista, lo registró en el Libro de Los Hechos de los Apóstoles valiéndose del relato de un Testigo Ocular (Hechos 12, 1-17).
En Roma: Suponemos que después de la milagrosa liberación el Apóstol Pedro se dirigió a Roma donde conjuntamente con el Apóstol Pablo fundó la Iglesia, pero no fue Obispo de Roma, porque Pedro y Pablo pusieron al Obispo Lino para dirigir la Iglesia de Roma.
Concilio de Asia Menor y Egipto: Estuvo también presente en el Concilio Apostólico de Jerusalén en el año 51 y tiempo después predicó en Asia Menor y en Egipto donde consagró al Primer Obispo de Alejandría, el Evangelista San Marcos, su discípulo.
Su muerte se dio en Roma conforme a lo vaticinado por Cristo quien se le apareció. Considerándose indigno de misma muerte que sufrió su Maestro y Señor, el Apóstol por iniciativa personal fue crucificado cabeza abajo, durante el reinado de Nerón, muriendo simultáneamente con el Apóstol Pablo (quien murió decapitado) el día 29 de Junio del año 67.
Escribió dos Cartas Católicas en las cuales nos enseña resistir valientemente las tentaciones, vivir la vida piadosa, estricta, santa y sobriamente; de igual modo advirtiendo a los cristianos acerca de los herejes futuros.
El Evangelio según San Marcos es la Predicación de Pedro. Partiendo de las palabras de Pedro, su discípulo el Evangelista San Marcos escribió su Evangelio, el cual en la antigüedad se le llamaba también el Evangelio de Pedro.
EL APÓSTOL SANTIAGO, HERMANO DEL SEÑOR, PRIMER OBISPO DE LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN
Pudiéramos hacer una síntesis de su vida con esta frase: Una vida de santidad. Miles de judíos convertidos. El Apóstol Santiago fue pariente del Señor según la carne (hijo de José y de su primera esposa o hijo de María, hermana de la Madre de Dios). Fue consagrado Obispo de Jerusalén por el propio Señor, de forma que fue el único Apóstol que no viajó. Presidió el Concilio de Jerusalén en año 51, lo que demuestra que al Apóstol Pedro no se consideraba como primero exclusivo entre los Apóstoles. Este Hombre llevaba una vida santa, era célibe, no comía carne, no bebía vino y rezaba con frecuencia, prosternado en tierra, en Templo de Jerusalén, por esta razón la sus rodillas tenían callos. Los judíos le llamaban el justo, por eso respetaban su vida de santidad. Reforzó y difundió la fe en Jerusalén y en toda Palestina entre miles de Judíos, durante treinta años (cfr. Hechos. Ap. 21,20).
Temiendo que todo el Pueblo pudiera convertirse al cristianismo los jefes de los judíos decidieron matar al Apóstol Santiago y lo lanzaron desde la altura del Templo hasta el suelo, no obstante todavía vivo seguía rezando por sus asesinos. Disputaban entre si los judíos si era necesario asesinar a un hombre justo o santo, pero uno de los hebreos golpeó su cabeza acabando con su vida. Escribió una epístola en donde consuela a los cristianos en sus sufrimientos o padecimientos y enseña que es imposible salvarse sin buenas obras, solo cifrando esperanza en la fe. Aparte de su carta Santiago compuso la Primera Liturgia Cristiana de la cual se deriva la de San Juan Crisóstomo y la de San Basilio el Grande.
EL APÓSTOL Y EVANGELISTA SAN JUAN EL TEÓLOGO.
Cumpliendo con el mandato del Señor en la cruz, San Juan Evangelista cuidó y mantuvo a la Madre de Dios como un hijo devoto. Por eso al principio predicó solamente en Palestina. [Dormición de La Madre de Dios: El Arcángel San Gabriel se le apareció un poco antes de su fallecimiento, al cual se preparaba con alegría. Para el día de la Dormición llegaron todos los apóstoles a Jerusalén, con excepción de Tomás, y Ella fue sepultada en el huerto de Getsemaní en una gruta conservada hasta nuestros días. - Sobre esta gruta la Emperatriz Santa Elena erigió un templo -. El tercer día llegó Tomás, pero no le fue posible encontrar Su Cuerpo. No obstante, ella se apareció a los Apóstoles comprobando que fue llevada al cielo]. Después de la Dormición de la Madre de Dios, 15 de Agosto del año 57, el Apóstol ya predicaba para las Siete Iglesias de Asia Menor, viviendo mayor tiempo en Éfeso.
Fue llevado a Roma durante el reinado del emperador Domiciano y allí fue tirado a una caldera que contenía aceite hirviendo, no obstante, el Apóstol Juan permaneció vivo y sano; después de esto Domiciano lo desterró a la Isla Patmos, donde San Juan escribió el Libro del Apocalipsis, o sea la revelación de la suerte de la Iglesia y del mundo entero. En el principio de esta obra él dirige su profecía a las Siete Iglesias de Asia Menor y en la segunda parte del mismo, él incluye la profecía referente a la Iglesia y al mundo, presentada con imágenes alegóricas en las que describe la lucha entre el bien y el mal que durará incesantemente.
Después de la muerte de Domiciano volvió a Éfeso y allí escribió el Cuarto Evangelio -como complemento a los tres Evangelios existentes-; su Evangelio se distingue de los Sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) por su elevado contenido espiritual. En su Evangelio están incluidas las charlas de Nuestro Señor Jesucristo acerca de los temas superiores que no se encuentran en los tres primeros Evangelios.
El Apóstol San Juan se destaca por su gran amor; es bien conocido el hecho de que cuando un joven piadoso se hizo el jefe de una banda de ladrones, se dirigió a las montañas con el fin de persuadirlo para que abandonara esa vida criminal, pero el ladrón le esquivaba y escondía sus manos ensangrentadas, aún así el Apóstol seguía influyéndole con su amor y finalmente el ladrón se arrepintió. En su senectud el Apóstol Juan no cesaba de repetir un precepto: "Hijitos, ámense unos a otros", explicando que se trata del primer mandamiento.
Aparte del Apocalipsis y del Evangelio, San Juan, escribió Tres cartas católicas (o sea dirigidas a toda la Iglesia), en las cuales habla mucho del amor y en consonancia con esto se le llama el Apóstol o Teólogo del amor. El Santo Apóstol y Teólogo (a menudo se le llama "San Juan el divino", es decir El Teólogo) fue el único Apóstol que tuvo muerte natural y experimentó su Pascua Definitiva a los 104 años de edad.
Santa Catalina, Mártir.
Nació en Alejandría y procedía de una ilustre alcurnia gentil; se destacaba por su sabiduría y hermosura. Un Ermitaño anciano la condujo por el camino de la fe cristiana. En una fiesta pagana denunció ante el emperador Maximiliano (co-emperador de Dioclesiano) la fe gentil. Fue encarcelada, trató de disuadirla del cristianismo al enviarle los sabios, pero ella los venció a todos con su intelecto y su palabra. Fue entregada al martirio (de rueda) y finalmente fue decapitada. Padeció su martirio a principio del siglo IV, se le recuerda en el calendario litúrgico el día 24 de Noviembre.
Santa Bárbara, Mártir.
Nacida en Asia Menor. Su padre era pagano, muy rico. Siendo aún muy joven llegó, por si sola, a conclusión de la existencia del único Creador. Cuando su padre se ausentó en una ocasión, se hizo cristiana. Al regreso su padre trató sin resultados de disuadirla de la fe cristiana, por ello la torturó, la encarceló y finalmente la decapitó; sus reliquias incorruptibles se hallan en Kiev (Iglesia Ortodoxa Rusa).
Los santos recibían el martirio con mucho gozo, con paciencia, por amor a Cristo; aceptaban el martirio como algo merecido por sus pecados, por medio del martirio cifraban su esperanza de obtener la vida eterna.
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